Si eres nuevo en el hockey y ves tu primer partido de la NHL, puede que en algún momento dos jugadores se miren fijamente, se quiten los guantes y empiecen a intercambiar puñetazos mientras los árbitros... esperan a un lado. No es un fallo de retransmisión. No están soñando. En el hockey profesional norteamericano, pelearse es legal bajo ciertas circunstancias. Y tiene más lógica de lo que parece.

La historia de las peleas en el hockey

Las peleas en el hockey no son un accidente ni un fallo del reglamento. Son una tradición de más de cien años que se desarrolló orgánicamente en los campos de hielo de Canadá. En los primeros tiempos del hockey profesional, no había tantos árbitros ni tanta televisión. Los jugadores regulaban sus propios excesos de manera directa y física.

La lógica era sencilla: si un jugador golpeaba suciamente a una estrella del equipo rival, el equipo tenía que responder de alguna manera. La respuesta era el enfrentamiento cara a cara. Con el tiempo, esto se codificó en reglas no escritas: las peleas debían ser entre jugadores dispuestos, los demás se apartaban, y los árbitros observaban hasta que alguno cayera o ambos se agotaran.

La NHL nunca prohibió esta práctica. Técnicamente, pelear supone cinco minutos de penalti mayor para ambos jugadores implicados. Pero si la pelea es "limpia" (ambos consentidos, sin atacar al portero, sin involucrar a más jugadores), los árbitros dejan que se desarrolle. Es la única liga deportiva profesional de alto nivel del mundo que tolera esto de manera sistemática.

El Código: las reglas no escritas

Las peleas en el hockey no son caóticas. Hay un código de honor no escrito que la mayoría de los jugadores respetan:

"No es violencia sin sentido. Hay un contrato implícito. Yo sé para qué estoy en el hielo, tú sabes para qué estás. Si cruzas una línea, te lo haré saber. Y tú decidirás si acepto o no."
— Bob Probert, enforcer legendario de los Detroit Red Wings

El rol del Enforcer

El enforcer era el jugador cuya función principal no era marcar goles sino proteger a sus compañeros y sembrar el miedo en el rival. No eran figuras secundarias: eran esenciales en la arquitectura del equipo durante décadas. Los grandes enforcers eran respetados y temidos a partes iguales.

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Bob Probert — Detroit Red Wings / Chicago Blackhawks
Activo 1985–2002

El enforcer más famoso de la historia de la NHL. 3.300 minutos de penalti en su carrera. Pero también podía marcar goles y dar asistencias: era un jugador completo, no solo un pegador. Su historia personal, marcada por la adicción y la redención, es fascinante.

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Dave Semenko — Edmonton Oilers
Activo 1977–1988

El guardaespaldas de Wayne Gretzky durante los años dorados de los Oilers. Semenko existía para que nadie se atreviera a tocar al Gran Uno. Su presencia disuasoria fue clave para que Gretzky pudiera jugar con libertad durante años.

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Tie Domi — Toronto Maple Leafs
Activo 1989–2006

Uno de los enforcers más populares de la historia. Con solo 1,78 metros, compensaba con una agresividad legendaria y una conexión especial con la afición de Toronto. Récord histórico de penaltis por peleas en la NHL.

Por qué está permitido en la NHL pero no en otros torneos

Esta es la pregunta que desconcierta a los recién llegados. La NHL permite las peleas; los Juegos Olímpicos, el Campeonato del Mundo de la IIHF y la mayoría de ligas europeas no. La diferencia es cultural e histórica.

La IIHF (Federación Internacional de Hockey) considera que las peleas son incompatibles con el deporte moderno y las sanciona con expulsión y partido. Los Juegos Olímpicos juegan bajo reglas IIHF. El hockey europeo también.

La NHL argumenta que las peleas son parte de la cultura del juego, tienen una función reguladora y sus aficionados las demandan. Además, con el código de honor del vestuario, se evita que las faltas técnicas queden sin consecuencias reales.

El debate: ¿están desapareciendo las peleas?

Argumentos a favor de mantenerlas

  • Forman parte de la identidad cultural del hockey
  • Regulan el juego sucio de manera más efectiva que las sanciones
  • Los propios jugadores las defienden como parte del código
  • La afición tradicional las valora como parte del espectáculo
  • Las ligas menores las consideran vitales para la identidad del deporte

Argumentos para eliminarlas

  • El número de peleas en la NHL cae cada temporada desde 2010
  • Los estudios de daño cerebral (CTE) han cambiado la perspectiva médica
  • El hockey moderno es más rápido y técnico: el enforcer clásico ya no encaja
  • Las nuevas generaciones de aficionados no las ven como necesarias
  • La presión de los Juegos Olímpicos y la IIHF para unificar reglas

Los datos son claros: en la temporada 2009-10 hubo más de 800 peleas en la NHL. En 2023-24, menos de 200. El rol del enforcer clásico ha desaparecido prácticamente. Los equipos ya no fichan a jugadores cuya función principal es pelear. El hockey moderno es más rápido, más técnico y menos físico en ese sentido.

Pero la pelea no ha desaparecido. Todavía ocurre. Y cuando ocurre, el estadio entero se pone en pie. Eso lo dice todo.

La perspectiva española

En España, jugando en ligas bajo reglamento IIHF, las peleas están estrictamente prohibidas y sancionadas con expulsión inmediata. El hockey español es más europeo que norteamericano en ese sentido. Lo que no quita que en los vestuarios, entre risas, los jugadores más veteranos tengan alguna historia de algún partido de liga menor que se calentó más de la cuenta.

El "drop the gloves" para los jugadores españoles es más una referencia cultural, una frase que se usa en el vestuario, que una realidad del juego. Pero forma parte del imaginario del deporte que todos han visto en YouTube y en los documentales de la NHL.

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Para saber más: La película Goon (2011) es el mejor retrato cinematográfico del enforcer. El documental The Last Gladiators (2011) narra en profundidad la vida y el declive de los enforcers de la NHL. Ambas son esenciales para entender esta parte única de la cultura del hockey.